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jueves, 13 de junio de 2013

Chirigoland



Dejarse ya de tanta pamplina con el Museo del Carnaval, home. Que si en la plaza de la Reina, que si en Guerra Jiménez entre la trasera de Correos y los puestos de churros… 

Lo que hay que hacer es pensar a lo grande. ¿Un museo? Altura de miras, señores: vamos a construir un parque temático. ¿Que no? Eso sí que iba a traer turismo a Cádiz. 

Y por sitio donde ubicarlo no va a ser. Anda que no hay espacio para un parque temático del Carnaval de Cádiz en Las Aletas. O más cerca, en los terrenos de Delphi o en los que va a dejar libres Altadis. O en el solar de Loreto donde ya no irá el hospital.

Ya me parece estar viendo a los visitantes agitándose a toda velocidad, ahora cabeza arriba, ahora cabeza abajo, en la tremenda montaña rusa “Los que vinieron de Leningrado porque no era de su agrado”. 

Gritando en la vertiginosa torre de caída libre desde “El cielo de Cádiz”. Pasando “Terror terrorífico en la casa del horror horroroso”. 

Retando a pelear con armas de gomaespuma a “Los gladiadores de la Caleta” y “Los cruzados mágicos”. Tratando de vislumbrar su futuro en las mágicas bolas de cristal de “Las pito-risas”. 

Dejándose la calderilla en el salón de tragaperras “Los duros antiguos” y sacando brillo a la tarjeta de crédito en la galería comercial “Lo que diga mi mujer”. 

Intentando localizar a sus niños más chicos semihundidos en la piscina de bolas de colores de “Los hinchapelotas”. 

Reponiéndose en “Los puestos de h’lao”, la taberna “El que la lleva la entiende”, el restaurante “Los Juan Palómez” o la arrocería “To pa ella”. 

Castigándose luego los estómagos con el bestial balanceo de la góndola “La serenísima”. Pasándolas canutas en el escalofriante simulador de vuelo supersónico “La mare que me parió”.

Disfrutando del magnífico panorama desde la gigantesca noria “Los valientes” que gira mientras se escucha por los altavoces al Sheriff cantando: “tengo una noria, señoreeees…”



(Publicado en El Independiente de Cádiz el 12 de junio de 2013)

domingo, 28 de octubre de 2012

Cachonde... arte

Hace algún tiempo me tocó entrevistar a un humilde jubilado que, después de no haberse interesado en toda su vida por nada parecido a la cultura, ocupaba la mayor parte del tiempo libre que le regalaba su retiro para pintar. Y no me refiero a pintar las paredes de su casa sino a pintar cuadros. Lo que él consideraba "obras de arte".

Y a fuerza de darle al pincel (y de dar la murga a base de bien), consiguió que le permitieran exponer su primera colección de pinturas en el aula de cultura de su pueblo. Lo cual, a juicio de un editor de informativos, era noticia para la televisión. Cada uno tiene sus gustos.

Aunque el del artista en cuestión (el gusto) era cuando menos discutible. Lo mejor que podía decirse de los cuadros que exhibía muy orgulloso es que olían a pintura. Pero no en plan metafórico, no. Es que el paisano había administrado tal cantidad de pintura encima de cada lienzo que el aroma a óleo se percibía desde la calle. Pero si se hubiera limitado a volcar el contenido de las latas de pintura sobre los lienzos, el aroma habría sido igual de intenso y los cuadros no habrían sido tan feos.

El caso es que pregunté al buen hombre cómo le había entrado aquella repentina afición por la pintura. Y me contó que le surgió durante un viaje del Imserso a Madrid.

-Nos llevaron al Museo del Prado y nos enseñaron un cuadro que decían que era de los mejores de toda la pintura española: Las Moninas. Y yo lo estuve mirando un rato y me dije para mí: esto hay que mejorarlo.

Supongo que esas mismas cuatro palabras fueron las que guiaron las manos de la "restauradora" del eccehomo de Borja, de la que tanto se ha hablado y se sigue hablando. Claro que esta feligresa, en lugar de pergeñar su propia versión del eccehomo de marras, no tuvo mejor ocurrencia que ponerse a "mejorar" el original.

Conste que la iniciativa de esta señora me parece un disparate, pero el caso es que la dimensión que ha alcanzado el asunto merced al inconmensurable poder difusor de internet y los medios de comunicación, me ha hecho pensar que ella tiene razón al reclamar sus "derechos de autor" sobre la nueva obra.

Dejando aparte el valor del eccehomo original, queda claro que lo que ha saltado a la fama en todo el mundo es lo que pintó la buena mujer. Y eso es lo que ha servido para hacer camisetas, disfraces y parodias en revistas y programas de radio y televisión. Sin que ella vea un duro de todo eso.

Vale que su obra es un engendro. Pero es su engendro. Y si alguien se pone a hacer camisetas con la mascota de las Olimpiadas de Barcelona, tendrá que pagar derechos de autor a Mariscal por utilizar su engendro canino llamado Cobi. Por cierto; he tenido la deferencia de no utilizar ni a Cobi ni al eccehomo de Borja para ilustrar esta entrada, sino cuadros del Museo de Bellas Artes de Valencia sobre los que yo también he "intervenido". Bueno, no sobre los cuadros, que yo no soy tan cafre,  sino sobre las fotos de los cuadros.

Lo que me lleva a otro aspecto interesante de la cuestión, que es la discusión sobre si la obra es realmente suya dado que parte de la pintura de otro. Pero es que si ese otro levantara la cabeza y viera lo que la ciudadana ha hecho con su eccehomo, lo siguiente que levantaría sería un garrote para atizarle con él a la ciudadana. En todo caso, lo que ha servido para mofa, cachondeo y también para que algunos espabilados obtengan ganancias, no ha sido el original sino el engendro.

De todas formas, este asunto de si una obra de arte "intervenida" pertenece al autor primitivo o al interventor, merece algo más que una simple entrada en un blog. En ello estoy...